ClíoCine presenta: Ran (1985) – El caos en color
En nuestra última sesión de ClíoCine tuvimos el privilegio de proyectar Ran (1985), la monumental obra de Akira Kurosawa. Una película que, más allá de ser una adaptación libre del Rey Lear de Shakespeare, es también una meditación sobre el poder, la guerra y la fragilidad humana. Pero esta vez quisimos detenernos en un elemento que convierte a Ran en una de las cumbres visuales del cine: el color.
Kurosawa, que en su vejez se enfrentaba a la ceguera y al desencanto, pintó antes de filmar cada plano. Su experiencia como artista plástico dio origen a una estética donde cada color es un signo político y emocional. Los rojos, azules y amarillos de los ejércitos no son simples ornamentos: son emblemas de destino, fragmentos de una tragedia que se descompone a medida que la historia avanza hacia el caos. En Ran, el color no decora la violencia, la revela.
Desde la perspectiva de la historia del cine, Ran representa uno de los momentos culminantes en la evolución del uso expresivo del color. En una época dominada por el realismo y la técnica, Kurosawa recuperó el poder simbólico del color como lenguaje autónomo, heredero del teatro Noh japonés y del expresionismo pictórico. Es cine que piensa, que mira la historia desde el gesto y el pigmento.
Esta proyección también nos permitió introducir una categoría historiográfica clave para ClíoCine: la microhistoria. Así como Carlo Ginzburg o Giovanni Levi se acercaron a la gran historia a partir de los detalles mínimos, Ran nos invita a mirar los grandes procesos —la guerra, el poder, la ruina— desde lo íntimo: la desobediencia de un hijo, la mirada silenciosa de un bufón, el temblor de un castillo en ruinas. El drama universal se condensa en una historia mínima, donde el color traduce emociones que los imperios no pueden controlar.
Ran es, en última instancia, una lección de historia visual: un relato sobre el colapso de las jerarquías, narrado con la fuerza plástica del color y la precisión trágica de la microhistoria. Un espejo de nuestro propio caos, donde aún resuena la pregunta de Kurosawa: ¿puede el arte encontrar sentido en medio de la destrucción?


















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